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MICHELLE CONDENSADA
Michelle era una niña
solitaria que vivía en el campo junto a su madre y hermano menor. Fue una
infancia dura porque los chicos de su edad se burlaban de ella por ser muy baja
de estatura. En el colegio siempre fue muy estudiosa pero tenía mucha
dificultad en los deportes. En clase de gimnasia todos la llamaban “La duende
Michelle” cosa que la incomodaba mucho porque sentía que nadie quería estar con
ella por su tamaño.
Un día camino a casa,
Michelle se encontró con una chica de otra escuela que le llamo la atención porque era de su
mismo tamaño y además de que llevaba consigo una canasta llena de cosas para
cocinar. Nuestra dulce amiga se acercó tímidamente y con curiosidad le preguntó
cómo se llamaba, -Sassy, respondió la niña-, y en ese mismo instante surgió empatía
en ambas y un sentimiento nuevo en Michelle que no sea de burla hacia ella, un
sentimiento llamado “amistad”.
Luego de la escuela,
Michelle iba a la casa de Sassy para visitarla y ver como la madre de esta preparaba deliciosos prostres.
Poco a poco Michelle iba interesándose
más en cómo preparar los manjares de la señora, tanto así que diariamente iba
para aprender a preparar dulces.
El tiempo pasó y las pequeñas
crecieron, por su parte Sassy se fue a estudiar al extranjero y Michelle seguía
con la idea de convertirse en una gran repostera porque sentía que eso la hacía
feliz.
La dedicación de Michelle
era tan grande que cada vez que veía a los niños llorar ella les ofrecía un manjar
preparado con amor para poder arrancarles una sonrisa ya que se sentía
identificada con ellos al recordar su infancia.
Poco a poco la gente iba
admirándola por su alegría y enorme sonrisa que enamoraba a más de uno por sus
dulces preparados con amor.
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